domingo, 31 de diciembre de 2017

El 2017 se acaba. Tanta paz lleve como paz deja...

Quedan pocas horas para que acabe el año 2017 y para poner una nueva entrada en el blog he decidido hacer un pequeño resumen del año.
No es que sea yo mucho de celebrar los cambios de año puesto que para mí hoy es domingo y mañana será lunes, como otra semana cualquiera. La única diferencia es que al poner la fecha en algún escrito tendré que tachar el 7 para poner un 8 aproximadamente hasta el mes de marzo. Por fortuna ya casi no tengo que poner la fecha en ningún lado, no es como cuando de joven tenía que rellenar los exámenes.
2017 no dejará muchos recuerdos en mi memoria, y los que deja tampoco es que sean muy positivos. 2017 ha sido el primer año de mi vida en el que he tenido seis meses de vacaciones, es lo que tiene que tu empresa esté a punto de cerrar y tu te pases seis meses en casa de ERE. 2017 tampoco será el año en el que cumpla mis promesas de año nuevo. No he adelgazado, al contrario, y mi propósito de escribir, al menos, una página al día no he sido capaz de cumplirlo pese a esos seis meses de vacaciones que comentaba. Me he quedado en 300 páginas de las 365 que me marca el calendario.
En este 2017 he publicado un libro bajo seudónimo cuyas ventas han sido tan escasas que su publicación me ha supuesto un duro golpe económico. Uno más que añadir al hecho de haberme quedado en paro y de que mi denuncia a los bancos no vaya por buen camino.
Porque otra cosa que me ha pasado en el 2017 es haber contratado un abogado para demandar a mi banco por cláusulas abusivas en mi hipoteca, habiéndome quedado en paro hay que pensar en como demonios voy a pagar la hipoteca de mi casa. Pues ni en esto ha ido bien el 2017, al ritmo que va el tema igual tengo noticias de mi demanda para el 2020.
Así que el resumen del 2017 es este. Mis mejores compañer@s han sido despedidos de mi empresa y dudo que mi puesto de trabajo dure más allá del mes de febrero. Mi demanda a los bancos se ha convertido en mi propósito de año nuevo para el 2020. Mi aventura literaria ha dado un paso atrás este año y no he cumplido con mis planes.
Menos mal que solo le quedan unas horas.
Lo único que he sacado de este 2017 en positivo es que esas 300 páginas escritas van a ser mi novela del 2018. Póker de asesinatos, una novela policiaca que voy a publicar con mi nombre, como hice con Los nietos de Dios en el 2016 y que espero que me reconduzca en la senda del escritor.
Mirar si no me ha gustado el 2017 que, cansado de comer uvas todos los años y que no me traigan suerte, este año voy a hacer la campanadas con fresas. Si, ya se que son más grandes, pero tengo boca como para hacer la línea 3 del metro, no os preocupéis.
Propósitos para el 2018. Los mismos que en el 2017. Y si me vuelvo a quedar en 300 páginas al menos tendré que publicar en el 2019.
Por un 2018 muy feliz para todos vosotros.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

El ser humano.

Me he dado cuenta que últimamente todos mis comentarios en redes sociales están llenos de ironía hacia el ser humano. Y es que, aunque por desgracia pertenezco a esa especie (hay gente que no está de acuerdo con esta afirmación y me tilda de extraterrestre, lo cual agradezco), no le tengo ningún aprecio y la considero la causa de todos los males del planeta. Soy como la oveja negra del rebaño que desea ser cualquier cosa menos oveja, aunque sea más insignificante pero otra distinta.
El ser humano es la única especie que mata por deporte, la única que extermina especies, la que más contamina, la que expolia a la tierra todos sus recursos sin aportar nada a cambio. La que más destruye y, sin duda, la que más se autodestruye.
Pero lo que me hace desear dejar de ser humano es que a la mayoría del resto de los humanos esto parece importarles bien poco, incluso nada.
«Y a mí que me importa si cuando esto se vaya a la mierda yo no voy a estar ya aquí» «Que se preocupen los que vienen luego que son los que se quedan» parecen pensar sin pararse a pensar. Y pongo la redundancia a posta.
Da igual en el tramo de vida en el que el ser humano se encuentre, en todos ellos cada vez se está volviendo más egoísta. Aún recuerdo cuando se podía pasear por los pueblos y entrar en la casa de tu amigo sin llamar porque las puertas estaban abiertas. Aún quedan reductos en los que esto se sigue produciendo, pero son como la Galia ante la invasión romana.
Los niños son más egoístas, quieren todo lo que los demás niños tienen sin importarles lo esfuerzos que debería acarrear conseguirlo. Quieren el mejor móvil, el mejor patinete o la mejor consola de vídeo juegos y lo quieren todo ahora. Y los padres lo permiten porque si el niño está entretenido con el móvil o la consola no da el coñazo y más tranquilos están ellos.
Me acuerdo que cuando era pequeño, etapa de mi vida en la que fui mal estudiante y gamberro, mis padres eran llamados en repetidas ocasiones para hablar con mi profesora. Me caían dos broncas, la de la profesora y la de mis padres y salía de la reunión con las orejas calentitas. Veo con asombro como ahora son los profesores los que salen con las orejas calientes de una reunión con los padres. Porque su hijo siempre es un santo y la profesora la culpable de todos los males porque no educa bien al niño. Señores padres al colegio se va educado, la profesora solo debe enseñar.
De adultos solo nos preocupamos de nosotros mismos. Hay una cita de Martin Niemöller, pastor luterano alemán durante la época nazi, que define muy bien a la raza humana.
«Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas guardé silencio, porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas no protesté, porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a por los judíos no pronuncié palabra, porque yo no era judío.
Cuando finalmente vinieron a por mí, no había nadie más que pudiera protestar.»
Y eso nos pasa en todos los ámbitos de nuestra existencia. Si despiden al compañero no protestamos porque no ha sido a nosotros. Si desahucian al vecino nos da igual porque no ha sido a nosotros. Si hay una guerra en un país nos da igual mientras no sea el nuestro. Hasta que nos toca y entonces protestamos porque nadie protesta con nosotros.
Así que si me veis en redes sociales, o si leéis mi libro, y pensáis que odio a la raza humana, estar tranquilos, estáis en lo cierto. Y tengo muy pocas esperanzas de que mejore ¿Me hacéis cambiar de opinión?

sábado, 18 de noviembre de 2017

EL ENLACE UNIVERSAL

Pues llevo unos días pensando el tema que iba a tratar en esta entrada del blog y, la verdad, es que no se me ocurría nada. Ando ahora con el tema de la portada de mi siguiente novela (que espero pronto empezar a anunciar por aquí) y escribiendo mi segundo trabajo bajo seudónimo y la verdad es que tengo la cabeza tan ocupada de tramas y personajes que no había sitio para la entrada del blog. (Tampoco es que yo tenga mucho espacio en la cabeza :) )
El caso es que hoy en mi Facebook he visto a un compañero escritor hablar del link universal para Amazon y muchos de los comentarios que ha recibido son de gente que no sabía de su existencia. Así que me dispongo a explicarlo en mi blog que es algo que yo también aprendí hace poco.
Muchos de los escritores, me incluyo hace unos meses, cuando promocionamos nuestras novelas en redes sociales como Facebook o Twitter lo que hacemos es ir a la página de Amazon y copiar el enlace de nuestro libro y después promocionarlo en redes sociales. Nos queda algo tal que así:


Un engorro de enlace y encima tiene un problema, bastante grave, del que no solemos darnos cuenta.
Si una persona en redes sociales pulsa sobre este enlace de mi novela solo va a llegar a mi novela si lo pulsa desde ESPAÑA, desde cualquier otro país del mundo el enlace le dará error. El enlace está construido desde Amazon.es que es la página que me aparece a mí como residente en España.
¿Y qué pasa si pulsa sobre el enlace un residente en México? Pues que el enlace no le lleva a mi libro y me quedo sin un posible lector.
¿Y cómo podemos construir un enlace que, independientemente del país en el que lo pulsen, les lleve a mi novela y no perder lectores?
Hay un par de opciones pero yo os voy a explicar la que yo uso.

Es tan sencillo como entrar en la página de tu novela. Copiar en ASIN que aparece aquí en la página:

Y pegarlo en la casilla correspondiente de la página de relinks.

Le damos a SUBMIT y nos sale un enlace tan elegante como este:



Mucho más corto (perfecto para pegarlo en Twitter y encima se puede acortar aún más copiando el enlace corto que os aparece, en mi caso, rxe.me/VXCZXR) y encima da igual del país que lo pulsen. Les llevará de forma inmediata a la página de Amazon de su país (ya sea .com, .mx, .cad, la que sea)
Y así no perderemos posibles lectores interesados en nuestra novela.
Se que muchos ya conocías esta posibilidad pero me ha sorprendido ver que hay mucha gente que la desconocía. Así que por si acaso, aquí queda.
Espero que os sea útil.

sábado, 4 de noviembre de 2017

El problema de solucionar problemas

Esta semana quiero hablaros de algo que me ha pasado mientras trabajaba en mi siguiente proyecto literario.
Algunos ya sabéis que, después de Los nietos de Dios, me he pasado del género de Aventuras a la novela policíaca y que estoy escribiendo mi segunda novela que va a llevar por título, con casi toda seguridad, el nombre de Póker de asesinatos.
Estoy en esa fase del libro que más me trae de cabeza, la corrección.
Después de escribir el borrador lo dejo descansar una semana y me pongo a corregirlo. Una vez realizada la primera corrección, esa en la que solo me fijo en el devenir de la historia, le paso mi borrador a dos personas de mi confianza, mi hermana y una de mis mejores amigas, para que ellas lean la historia con nuevos ojos y le busquen fallos y lagunas. No ya al texto en sí sino a la historia en general.
Por fortuna, o desgracia, tengo una hermana a la que, como a mí, le gusta darle la vuelta a todo y, como no, me puso una serie de pegas a la historia con las que no me quedó más remedio que estar de acuerdo. (Para eso ella es la hermana lista).
Y es aquí donde me he encontrado el problema de esta semana. El problema de resolver problemas.
Os lo voy a intentar explicar con un ejemplo. Un día antes de que terminen vuestras vacaciones os disponéis a hacer la maleta. Empezáis a meter ropa y todo va encajando a vuestro gusto, los calcetines en su sitio al lado de las mudas de ropa interior, los pantalones bien doblados debajo de las camisas, todo perfecto, pero cuando vais a cerrar la maleta resulta que la manga de uno de los jerséis sobresale por uno de los laterales y no podéis cerrar la cremallera. Intentáis apretar la manga hacia dentro pero no hay manera, la maleta, por muy burro que te pongas no cierra. Y entonces decides sacar el jersey y reorganizar la maleta.
Cambias los jerséis de sitio, colocas los pantalones encima, dejas un rincón para los calcetines e, incomprensiblemente, cuando terminas de hacer la maleta te has dejado un pantalón y una camisa sin meter y no te cabe nada más en la maleta. ¡Joder como es posible si antes solo me faltaba por meter una manga y ahora no me caben dos prendas!
¡Pues eso mismo me ha pasado a mí esta semana con mi novela!
Mi hermana me puso un par de pegas con el argumento de mi novela. Y yo me dije, no hay problema, hago un par de cambios en la trama y soluciono esos pequeños inconvenientes para que me quede perfecta la historia y ya podemos pasar al siguiente paso. ¡Y una mierda!
Al intentar meter la manga se me han salido dos pantalones, tres jerséis y se me han arrugado las camisas. Me he tirado una semana entera cambiando, releyendo, volviendo a cambiar hasta que he conseguido hacer los “pequeños” cambios a mi historia.
Por fortuna creo que ya solo me falta añadir un capítulo extra al texto para terminar de hacer la maleta y poder pasar al siguiente paso.
Si, se lo que estáis pensando, como con el capítulo que me falta por añadir se me termine saliendo una manga por la cremallera ¡me voy con dos jerséis puestos!